Movilizaciones culturales de la clase obrera. El Primero de Mayo.

19 May

La celebración del primero de mayo es, según el historiador Eric Hobsbawm, “el más ambicioso de los rituales obreros a escala internacional“. Durante muchas décadas, desde el final de la Guerra Civil en España, la definición de este día ha sido manipulada y tergiversada hasta tal extremo, que en la actualidad, la asimilación de día de los trabajadores es compartida por el conjunto de la ciudadanía. Se suprime, pues, la lucha de clases puesto que la gran mayoría son trabajadores, sin importar la procedencia y el cargo. No existe distinción alguna entre un banquero perteneciente a la oligarquía, que un obrero asalariado de cualquier fábrica. Porque, ¡ambos son trabajadores! Conseguida esta auténtica lobotomía  entre los propios trabajadores, hemos querido, y a través de la acusmática social, recuperar el espíritu originario de estas manifestaciones festivas y reivindicativas.

Durante las últimas décadas del siglo XIX, cuando ya la clase obrera tenía conciencia de clase y comenzaba a organizarse en sindicatos y partidos políticos, las reivindicaciones no solo consistían en mejoras económicas, sino sociales y democráticas. Muchos 1º de mayo fueron incluso auténticos conatos de revolución, para la conquista del poder. Desde 1890, cada año, esta celebración se convertía durante un día, en la acción más unitaria del planeta. Millones de trabajadores de todo el mundo salían a las calles y plazas para reivindicar mejoras y derechos, pero también para mostrar su fuerza como clase social, pues bajo el yugo de la burguesía y el modo de producción dominante (el capitalismo), una gran masa de trabajadores debía ser explotado para el desarrollo de un sistema que significaba la acumulación de riqueza para unos pocos, y la miseria para la mayoría.

En España, los obreros, que ya habían empezado a pedirla reducción del horario laboral, se aprovechan de la política legislativa de la Restauración donde se promulgan leyes que encaucen todo el malestar de un movimiento obrero que debía ser tenido en cuenta. Un ejemplo de ello es la llamada “Ley de Asociaciones” de 1890. Las reivindicaciones de esos primeros años son conocidas por todos: jornadas de ocho horas (reivindicado por primera vez en EEUU), salario mínimo, ayudas para niños y ancianos, responsabilidad de los patrones cuando se producen accidentes laborales, descanso semanal, o prohibición del trabajo nocturno, entre otras demandas.

Es aquí, cuando a través de estas leyes, cuando a través de los aparatos de Estado, se intenta encauzar en un marco legal toda la lucha obrera, cediendo solo algunos derechos básicos. Así, el movimiento obrero madura y consigue fortalecerse durante los últimos compases del del siglo XIX. El socialismo (con más arraigo en el País Vasco y Madrid)  y el anarquismo (con base en Cataluña, Andalucía y otras regiones de España) llegan a la “edad adulta” en un sentido puramente organizativo. Los primeros, identificaban esa jornada como una fiesta reivindicativa donde al final del recorrido se entregaba a las autoridades las peticiones obreras, mientras que los anarquistas lo que promulgaban era la huelga general para arrancar de forma “violenta” las reivindicaciones, principalmente, la de la jornada de ocho horas.

El Primero de Mayo ha sido estudiado por numerosos historiadores de gran prestigio. En principio a través de estudios sociales dependientes de la corriente  historiográfica del marxismo, y con los años, recogiendo paulatinamente análisis provenientes del campo de la sociología, o la antropología, por poner dos ejemplos significativos. El aumento de estudios se produjo con el centenario de la fecha en cuestión. Numerosas revistas publicaron investigaciones de muchos profesores y catedráticos de Historia Social y Contemporánea, con diferentes líneas principales de interpretación del “Día del Trabajo”.

La incidencia de las primeras manifestaciones en el País, fue importante. Y 1890 es un año clave en la historia de las manifestaciones, es el auténtico comienzo de la reivindicación colectiva, tan de moda en la actualidad. La lucha obrera a través de sus sindicatos, principalmente, inicia la era de las huelgas generales. Hoy día, se ha convertido en un mero ritual, con mucho carácter simbólico y de fiesta que se produce, desde las primeras solicitudes de obreros, una vez al año.  Desde los primeros años, se crea un ambiente de fiesta, con comilonas campestres… es como si la clase obrera celebrara un rito agnóstico, su propia “Pascua” o el “Domingo de Ramos de los revolucionarios”, así consta en la prensa de la época.  Todo lo concerniente a la reivindicación de otro mundo mejor donde no exista la explotación, ha quedado diluido gracias a cuarenta años de dictadura militar y a la política de renuncia a sus ideales de los principales partidos de la izquierda española.

Visto el potencial del movimiento obrero, las autoridades políticas del gobierno de turno en la Restauración, prohíben todo acto público el Primero de Mayo, reduciéndose dicho día al paro laboral en los centros de trabajo.  Solo en 1903, los obreros pueden ocupar “espacio público” para reivindicar sus derechos. Tras la prohibición del 1º de mayo durante la dictadura de Primo de Rivera, la celebración vuelve a ser legal con la llegada de la II República.  En palabras del historiador Santos Juliá, ese día de mayo del año 1931 es un “espectáculo mágico”.  La República es una república de trabajadores,  y el gobierno  declara ese día, fiesta nacional. Para más inri, son los propios políticos de la república, los ministros los que deben comisionar la fiesta. Tras la guerra, con la dictadura impartida por el general Franco, la eliminación de esa fiesta es obvia, lo realizan en abril de 1937 en zona sublevada.  El intento de supresión en la memoria colectiva, fracasa. Existen algunas manifestaciones esporádicas (en 1947 y 1951, huelgas en Bilbao y Barcelona). Incluso antes del fin del régimen, en los años sesenta, renace con fuerza las manifestaciones del Primero de Mayo. 

La fiesta del trabajo es traslada durante la dictadura al 18 de julio, día del “alzamiento”. Nace así la “Fiesta de exaltación del Trabajo Nacional“, reivindicando la reconstrucción de la patria. Adiós durante años a la lucha obrera durante ese día.  Se enfatiza en la hermandad entre obreros y patronos (muy fascista) borrando totalmente el carácter de lucha de clases.  Todos al servicio de un Estado unitario al servicio de Dios.  Es ahí donde aparece el nacional-sindicalismo, el sindicato vertical al servicio de la dictadura, del Estado protector. Los sindicatos de clase son, por tanto,  suprimidos, y docenas de miles de militantes obreros, exterminados.  El carácter católico del día es notorio. Reinventan la figura de San José Artesano, gran patrón de la clase trabajadora católica. El papa Pío XII, instaura esa festifidad en 1955. Nace así San José Obrero.  La subversión es extrema. El día en que se reivindica la lucha de clases, la huelga general, la revolución en base a la teoría científica de Carlos Marx, se canoniza su sentido originario para tener un sentido totalmente cristiano. En 1956 apareció un lema oficial en una concentración masiva en el Vaticano, donde aparecían incluso ministros del gobierno democristiano italiano. Ese 1º de mayo el lema fue: “Obreros de todo el mundo, unámonos en Jesucristo“. Lo que antes era odio, ahora es amor. Esa es una de las justificaciones de los regímenes capitalistas, especialmente en España, donde mucho amor hacia los contrarios a la dictadura no se repartía. 

Pero no todo fue un camino de rosas para la dictadura en España, militantes obreros de la JOC y la HOAC sobre todo, pero también el Movimiento Apostólico Seglar (MAS) y la Vanguardia Obrera (VO), cada vez más relacionados con obreros católicos de países democráticos, con una nueva cultura cristiana, y en contacto con los grupos marxistas españoles, comienzan amostrar las primeras fisuras en la solidaridad con el régimen. Además, tras la supresión tras la guerra del 1º de mayo, y la subversión de sus ideales con faraónicas manifestaciones folklóricas en honor al Caudillo, empiezan a reproducirse con asiduidad y fuerza las primeras huelgas, principalmente en las zonas mineras del norte, y de la siderurgia vasca.  La conflictividad social aumenta progresivamente gracias a la creación de las Comisiones Obreras (CCOO). Los estados de excepción se multiplican y la fiesta del 1º de mayo volvió a recuperar su vieja identidad. Esto ocurre de manera significativa entre 1967 y 1969. Y la memoria de los orígenes de ese día reivindicativo desde hacía décadas se recupera, volviendo a ser un día de reivindicación, de lucha obrera por la democracia en oposición directa contra el franquismo. El resultado fue que el día subvertido de San José Obrero, una fiesta controlada por el poder,  tuvo que ser prohibido por las autoridades dictatoriales porque su significado era el de oposición frontal a la dictadura. 

Durante la Transición y los primeros años de la Democracia, las reivindicaciones del 1º de mayo fueron diversas, recuperándose en parte el carácter del imaginario social y ritual reivindicativo, aunque sin la esencia revolucionaria pues las principales fuerzas sindicales y políticas de izquierdas acababan de abandonar el ideario marxista

La presente grabación el 1º de Mayo de este año 2013 (en la ciudad de Murcia, España)  es una muestra de lo que significa un día como este en la actualidad.  A nivel estético, durante los primeros minutos, lo que suena es una transformación radical de los sonidos capturados durante la marcha reivindicativa. Queda constatado que el aumento de las consignas, frente al dominio del silbato sin conciencia de los sindicatos mayoritarios, es mucho mayor que en años anteriores, y esto es debido al aumento del nivel de conciencia en las protestas, que cada vez son más contundentes, dentro del carácter pacífico, pues el resultado de la situación económica produce el aumento de la combatividad de la clase obrera en alianza con otros sectores de la población totalmente oprimidos por los partidos al servicio del poder nacional y foráneo. 

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