Historia oral en El Gorguel. El testimonio de Candelaria.

27 Feb

Sonar históricamente inicia una serie de colaboraciones que permitirán mejorar el estudio y la difusión de nuestra Historia. En esta ocasión nos adentramos en la Historia oral a través del relato de Candelaria,  persona que vivió la Guerra Civil y la posguerra en El Gorguel. La entrevista realizada  nos enriquece por la información que ofrece sobre las costumbres y las penurias de los habitantes de la zona en la posguerra.  

En esta pequeña reconstrucción histórica titulada  “Historia oral en El Gorguel. El testimonio de Candelaria“, he insertado varios párrafos del excelente artículo de  Pedro María Egea Bruno, Catedrático de Historia Contemporánea, adscrito al Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América de la Universidad de Murcia. Debido a la extensión del estudio del profesor cartagenero, he seleccionado una parte en función de la temática  relacionada con la fuente documental sonora (El Gorguel), y que facilitará la comprensión de la entrevista realizada, en el mes de agosto de 2011, a la protagonista de la grabación.  El estudio de Pedro María  se titula “Ocio y festividad en el campo de Cartagena“.

La memoria histórica se resquebraja a pasos agigantados, cada vez que desaparecen protagonistas que vivieron importantes hechos históricos y que poseían valiosa información acerca de costumbres populares ya extinguidas. Por ello, la conservación  de entrevistas que tengan valor histórico es fundamental en todo el proceso global de conservación de la memoria histórica. Específicamente, la grabación de una mujer, ya anciana, del pequeño pueblo minero de El Gorguel, perteneciente al término munincipal de Cartagena, pero muy cercano a La Unión, recoge interesante información a través de su testimonio. Amplia diversos aspectos ya estudiados sobre tradiciones y formas de vida del pasado reciente, ligando, de lo concreto a lo general, la visión que tenemos sobre los habitantes del campo de Cartagena  y su zona costera. Queda reflejado en la grabación algún error por falta de memoria u olvido, pero la entrevista, en palabras del profeseor Egea Bruno, es un material muy interesante, confirmándonos que el episodio de la guerra que aborda de la Guerra Civil es del 5 de marzo de 1939, con el hundimiento del Castillo de Olite. Para el profesor, otros temas principales que subyacen en el testimonio de Candelaria son los del ocio, la festividad o la posguerra.  

Candelaria relata algunos episodios concretos sobre la Guerra Civil, la muerte de su hermano al ser bombardeado un Hospital de Castellón, o sobre los cambios sociopolíticos producidos tras la victoria de las fuerzas sublevadas. Algunos ejemplos de ello son: la desaparición de los Carabineros (cuerpo de seguridad republicano que se encargaba en El Gorguel, de vigilar la zona costera para evitar contrabando) y su asimilación por la Guardia Civil. Sobre  la posguerra también relata las penurias de los mineros, el tipo de alimentación (el pescado era un privilegio para los mineros a pesar de vivir en zona costera), la escasez de alimentos  incluso en  los básicos como el pan, las pésimas infraestructuras de comunicación, los medios de transporte de los más humildes (a pie o en el mejor de los casos, en burro para viajar al pueblo de Alumbres, el  tren…) y la falta de amparo a los familiares de los fallecidos en la contienda, algo que ahora está vigente por el intento de la recuperación de la Memoria Histórica (recuperar los restos de familiares del bando republicano).

Efectívamente, la revisión de la vida de Candelaria, que ha vivido todo el proceso evolutivo y de transformación drástica del entorno que estudiamos, provoca que se traten además algunos episodios de la posguerra y algunas  temáticas como los de la mentalidad, costumbres en la España de la dictadura, las penurias del pueblo trabajador o  la minería.

La entrevista se realizó para un documental sobre el pueblo y sus habitantes, y sobre la opinión que estos tenían sobre el proyecto del futuro macropuerto. Este documental está dirigido por Tais Bielsa, y del material sonoro he realizado esta pieza sonora que podríamos denominar como acusmática social. En dicha pieza, realizada a partir del material de la entrevista, se ha producido manipulación y tratamiento sonoro; transformando sonidos principalmente en el inicio, donde las olas y los insectos se funden como los metales en una siderurgia; pasando, a continuación, al testimonio de la protagonista sobre un sustrato sonoro que es la sustancia de la que se nutren los tímpanos de los lugareños durante todo el verano. Ese sustrato está compuesto básicamente de los sonidos de las olas, de los camiones del basurero munincipal, de diversa fauna, de la música del bar del poblado de la playa, y de las “chicharras” (solistas privilegiadas en esos parajes naturales en peligro extremo por las políticas económicas únicamente centradas en el desarrollismo depredador). Estos son los sonidos que nos acompañan en el discurrir de la entrevista, que debido a su duración, no he tenido otra opción que seleccionar (según su valor histórico y social) algunos fragmentos interesantes.

A continuación, podrán leer algunos párrafos (en cursiva) del estudio “Ocio y festividad en el campo de CartagenaSu instrumentalización del Franquismo”. Al final podrán encontrar el enlace o palabras clave para la búsqueda y descarga del documento íntegro.

Sobre las costumbres festivas en zona costera durante la Dictadura:

” En el litoral se organizan procesiones marítimas, regatas e incluso algún partido de waterpolo. En los de
reciente implantación, como el poblado de la refinería de Escombreras, se denota tanto la
impostación, fiesta campera, como la introducción de prácticas que nada tienen que ver
con los orígenes: tiro al plato y encuentros de balompié, aunque éstos acabaron imponiéndose
dada la fiebre futbolística que se apodera del país. Al final de la etapa se contemplan
otras novedades como las gymkanas motoristas, las exhibiciones de aeromodelismo o los
campeonatos de ping-pong”.

Hay que destacar el  vocabulario de Candelaria que contiene, como pueden escuchar, una intensa influencia de la fraseología cristiana, fruto de años de nacional-catolicismo impuesto a la sociedad.  A los “señoritos” y las personas con cargos oficiales del Régimen les llama de usted (Don). Tampoco  recuerda algunas fechas de ciertos episodios de la Guerra Civil en Cartagena, pero sí algunas oraciones, incluso en catalán (prohibido durante la Dictadura), ya que su madre era valenciana, concretamente de Castellón. Esto no es anécdota, pues refleja a la perfección el trabajo laborioso y sistemático del franquismo para sepultar la Historia concerniente a la II República.

En las fiestas (agosto) de El Gorguel, Candelaria afirma que se celebraban verbenas con música (gramófono, acordeón, bandurria) y bailes alrededor de hogueras:

“La monotonía es la nota cotidiana de la vida rural. Salvados los días de asueto de la fiesta
patronal, los esparcimientos escasean. En los puntos más apartados o de hábitat disperso
existen pocas posibilidades para relacionarse. Como paliativo surgen las llamadas veladas
vecinales, como las organizadas en Cuesta Blanca y Los Chorrillos de Perín: ” … con el sólo
fin de hacer juegos de prendas y demás juegos morales por todo extremo …”
La sociabilidad encuentra su mejor cauce en la celebración de bailes, aunque no resulta
fácil llevarlos a cabo. A juicio de la Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer:
“Están prohibidos en la capital y provincia, y sólo excepcionalmente se han autorizado
algunos en ocasiones de festividades muy señalada. Sin duda, por ello, las peticiones
van suscritas por los militantes de FET-JONS, como hicieron los de La Palma en 25 de
septiembre de 1940: “Que careciendo este pueblo de toda clase de espectáculos públicos
y deseando estos falangistas reanudar las costumbres que en este pueblo existían con anterioridad
al Glorioso Movimiento Nacional, desean de V.S. se digne si a bien lo tiene a
autorizar a los citados camaradas constituir una comisión de baile…”

“Ante la eventualidad de vetarlos, había que dejar algún resquicio para respirar, se optó por su férreo control, empezando por las horas de cierre, la entrada de menores y el mantenimiento de la más estricta moralidad. Así lo especifica, por ejemplo, una circular de 19  de julio de 1943: “Se prohíbe la celebración de bailes sin la precisa autorización de este Gobierno Civil. En ningún caso será autorizada la entrada o asistencia de menores de 16 años49, y de las faltas contra la moral que pudieran cometerse, serán responsables los organizadores, los dueños o las empresas del local. Las autoridades y  agentes serán inexorables en el cumplimiento del horario de cierre de los locales o lugares donde se celebren esta clase de diversiones…”

Para terminar, quiero agradecer profundamente el interés y la implicación en este proyecto del profesor Egea Bruno, así como la cesión altruista del texto de su trabajo que acontinuación podrán leer y descargar en su totalidad.  Para ello deben copiar el siguiente enlace en un buscador de internet:

 revistas.um.es/rmu/article/view/72771/70191

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